3.9.10

Surfista




Llevo días sola, en silencio. Llevo días intentando saber qué siento aunque eso suponga siempre volver sobre los mismos temas y llegar a parecidas conclusiones. Tengo un nudo en el estómago. Me siento culpable y vacía. Es el problema de las vacaciones. El cansancio físico y el desequilibrio mental se aplacan con horas de sueño. El suministro debe ser constante hasta que aparezcan los primeros síntomas de alivio. Sin embargo, queda el corazón. Lo que siento queda sofocado con horas de trabajo y de insomnio, con coca-cola y café, con la mala comida o con la demasiada comida. Puedo enterrarlo y que nadie lo encuentre. Puedo retirarlo de mi vista. Pero cuando aparece de forma clara y distinta sólo provoca en mí rabia, cinismo, fingida indiferencia.
El problema es mío, el problema lo tengo yo, y por más que pasen los años no desaparece.
Da igual lo que digan los demás. Me descubro a la espera de buenas nuevas que inviertan la historia. Pero el pasado es pasado y no cambia. Y me siento partida en dos mitades, arrojada a una tierra de nadie, con las maletas a mi lado y sin destino. Soy una caricatura de mí misma. He llegado a un punto muerto. Y no tengo madera de surfista, detesto esperar a que lleguen las olas.

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