29.6.11

Rastro al unísono de Tess Gallagher

copy: jure karvanka




Terrible, la lluvia.
Toda la noche, la lluvia
que amo. Vuelvo a sentir el peso de su pierna
como un ala delicada y enorme
en la cadera. Continúa: la lluvia,
no él. Excepto por esa caricia
plenamente habitada. Elipsis de
eucalipto. Sus brazos, su hermosa
y despreocupada respiración. El contralto
de sus labios se inscribe
en la curva de mi cuello. Penumbra de muselina.
El olor almizclado del queroseno., adherido
a la lluvia incesante, en el salón, donde
no hay nada que hacer salvo ser feliz, ser
libre, como si alguien tristemente acusado
entrara con el abrigo empapado
y dijera: "Pero si yo solo quería
llorar y amar", y nosotros rodásemos hacia
la voz como un solo cuerpo y dijéramos
con los ojos cerrados: "Pues llora; pues
ama". Capullos de jazmín esparcidos por
su pelo, para que se abrieran en la noche
e iluminaran la habitación. Caería la lluvia
aquella mañana, y aún
cae, y, donde habíamos yacido
una luz ártica firme
en la liberación de la mente.


Tess Gallagher, El puente que cruza la luna



28.6.11

Harta

de no dormir
de mis muelas
de mí
de ser responsable
de no serlo
de que mi cama no tenga puntos cardinales
de la desazón constante
de haber tirado por la borda
al menos treinta años de mi vida.
Harta de todo
del calor
de no ser productiva
de hacer un horario
de no hacer nada
de la gente
de esperar
de los hospitales
de las malas noticias
de los pronósticos
de los diagnósticos
de la buenaventura
de mí.
Muy harta.

17.6.11

Horizonte de sucesos



Ayer se fue la luz en todo el edificio, sin razón aparente. Hasta los plomos permanecieron inmóviles sin entender nada. Odio las grandes metáforas. Estaba viendo un documental sobre agujeros negros. Supongo que aunque las odio lo mío es el croché de metáforas king-size.


El punto más extremo en un agujero negro recibe el nombre de "horizonte de sucesos". La ley de la relatividad supone que el punto más extremo estaría entonces más allá del horizonte de sucesos. Pero seguramente éso tambien es algo realtivo. En cualquier caso, se puede afirmar que un agujero negro funciona como una cascada: una vez que empezamos a caer por ella ni con toda la fuerza del mundo conseguiríamos remontar la corriente. Lo mismo le ocurre a las partículas de vida en un agujero negro, ni si quiera los más avezados salmonetes de materia podrían luchar contra la fuerza que los arrastra hasta el fondo. Si llegaramos al horizonte de sucesos sin descomponernos, a partir de ahí seguiríamos cayendo y ya no notaríamos nada. Resulta tentador. Sin embargo, pienso en el sentido que tiene todo esto para mí. La vida funciona así después de todo. Nos despeñamos hacia un horizonte de sucesos más que probables y a partir de ahí si conseguimos aguantar, solo cabe ir cayendo sin descanso y con un poco de suerte, sin notar nada.


Descubro también que la estrella que ocupa el centro de la via láctea recibe el nombre de "Secretarius". Suena a hechizo de Harry Potter y un poco a mala leche. Ya puestos por qué no llamarla "Monipenny". Pobre, seguro que se come todos los marrones interestelares de su galaxia. Como trabajar para Fomento pero a niveles astronómicos. Vaya mierda.


Y me despierta esta mañana el nervio de una muela que ha decidido irse por bulerías. He tomado todas las precauciones y después del cóctel de paraquenotetodo.com creo que soy radioactiva. De todas formas que importa, soy una superheroína. Sin embargo, confieso que me preocupa dejar que pase el tiempo con la esperanza de que las cosas se resuelvan por si mismas. Puede que para cuando me despierte, para cuando alguien me pregunte: "¿que has estado haciendo todo este tiempo" ya tenga noventa años y esté demasiado cerca del horizonte de sucesos. Sin retorno.

¿Dejaremos que lo arrastre todo el agujero negro que me nace en el pecho y que me come la vida?


Un tipo en la tele dice dándose la misma importancia que un vagabundo: "Lo que la gente quiere es ser feliz, amor y sentirse seguro". A la mierda la filosofía. Es eso. Felicidad, amor y sentirse seguro en la travesía individual o compartida hacia nuestro horizonte de sucesos.


La luz volvió 90 minutos después según lo estimado por FECSA-800-EnDesa. Supongo que hasta la luz necesita un descanso de vez en cuando.

3.6.11

"Sal con una chica que no lee" por Charles Warnke

Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela.

Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.

Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.

Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.

Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.

Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.

Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.

No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.

2.6.11

Bajas presiones

Soterradas, constantes, masdelomismo. Nada parece encerrar ningún misterio. Las nubes amoratan el cielo y nosotros recibimos los golpes. Qué aburrimiento. El día que nací yo que planeta reinaría por dónde quiera que vaya que mala estrella me guía. Estoy abonada a la tristeza, la soledad, el escepticismo-agujero de gusano y a un par de revistas que no siempre recibo. Necesito soporte químico para poder descansar en paz. Me faltan buenos argumentos. Sorpresas. Buenos presagios. Y algo más de sol. Necesito que me sostengas mientras caigo a velocidad constante. Quiero cambiar de especie si no estás a mi lado. QUiero ser silvestre. Dejar de inventar esperanzas que no salen de casa. Reconocer que no sé ni que edad tengo, qué debería estar haciendo. Por qué las nubes amoratan el cielo si nosotros recibimos los golpes.