17.12.09

El mostacho de Lincoln

¿ Y qué demonios sé yo sobre el mostacho de Lincoln? Y sin embargo, me he levantado con esta pregunta en mi cabeza. Como si conocer la respuesta fuera obligatorio. Como si todos supieran de que estamos hablando. He soñado con mi hermano. He hablado de mi hermano. No está más muerto ahora que esta mañana o ayer. Pero ayer hablé de mi hermano y hoy me ahogo, hoy, y toda la semana. Qué demonios sé yo sobre el mostacho de Lincoln... Por qué no saber nada me hace sentir tan culpable. Qué demonios sabré yo sobre el mostacho de Lincoln, qué enigma resuelve, qué me importa. Intento resolver el enigma de Lincoln de la misma manera que busco a mi hermano entre las grietas del sueño. Le he dado caza en la penumbra de alguna madrugada reciente. Si me acerco es un sin sombra a mi lado en el tren como Chihiro( sí, qué mona, pero también que pedazo de mierda). Si me acerco, su sonrisa de idiota sólo es una y su boca sólo es una que no suelta prenda.
Hace semanas que me audito los sueños, no es bueno, dicen, pero no lo multan y sólo el APA me obliga a recoger tu careta rota en el patio del colegio. Te han vuelto a dar una paliza de muerte. A tí, que eras el mayor. No sé como no sentir vergüenza porque eres un inútil y te has muerto. En casa no lo van a entender, cuando les diga lo que has hecho, cuando les diga que lo has vuelto hacer. No, te lo advierto, en casa no lo van a entender. Nada va a cambiar hasta que nos digas a todos lo que ocultas sobre el mostacho de Lincoln, qué sabes, hasta que sueltes prenda, hasta que no confieses que ha pasado con el mostacho de Lincoln o, haciéndolo sencillo, hasta que expliques por qué estás muerto sin remedio. Sólo entonces se abolirán los patios de colegio, y podremos hablar de algo que no seas tú o el propio Lincoln.

9.12.09

La vocación inversa de afirmar

"Llegó a Nueva York y la ciudad le gustó todavía más que en las películas. Aceptó provisionalmente un trabajo en una escuela de dibujo: sería algo transitorio, mientras empezaban a llegarle los encargos de las grandes revistas, que entonces vivían en una edad de oro, Harper's, vanity Fair, THe New Yorker, Esquire. En Alemania, en toda Europa, sus ilustraciones eran célebres, y le permitían ganar mucho dinero. En Estados Unidos, con una cultura visual mucho más moderna y potente, el triunfo estaba asegurado. [...]
Con lento asombro, con indicios graduales, con una decepción que no parece contaminada de amargura, fue descubriendo el fracaso, aclimatándose un poco a él. [...] Había creído que no le costaría nada adaptarse al estilo más franco y menos tortuoso, también más utilitario, de las ilustraciones de las revistas americanas: descubrió que esa felicidad le era imposible.[...] Tenía que dar clases de dibujo, aprender paciencia y mansedumbre, resignación al silencio de las cartas que se quedaban sin respuesta y a la humillación de llamar repetidamente a editores que no estaban nunca [...]. Ahora descubría la vocación inversa de afirmar. La intemperie nocturna de las ciudades y la claustrofobia de las habitaciones alumbradas por bombillas habían sido los espacios de su imaginación. Ahora se descubría a sí mismo apreciando la claridad del día y las amplitudes de la naturaleza americana."


Antonio Muñoz Molina, Triunfo y fracaso de Geroge Grosz. El País, 2009.

8.12.09

Aquí


MI DIFÍCIL VIDA CON LA MEMORIA
Soy mal público para mi memoria.
QUiere que continuamente escuche su voz,
y yo no dejo de moverme, carraspeo,
escucho y no escucho,
salgo, regreso y vuelvo a salir.
Quiere ocupar mi atención y mi tiempo por completo
Cuando duermo le resulta fácil.
De día, depende, y eso le molesta un poco.
Me desliza insistente antiguas cartas, fotografías,
trata hechos importantes y sin importancia,
pone la mirada en paisajes inadvertidos,
los puebla con mis muertos.
En sus historias siempre soy más joven.
Es agradable, sólo que para qué seguir insistiendo.
Los espejos me dicen otra cosa.
Se enfurece cuando me encojo de hombros.
Y, vengativa, me echa en cara todos mis errores,
graves, luego facilmente olvidados.
Me mira a los ojos, espera a ver qué digo.
Al final me consuela con que pudo haber sido peor.
Quiere que viva ya sólo con ella y para ella.
De preferencia en habitación oscura y cerrada,
y en mis planes hay siempre un sol presente,
nubes actuales, caminos en curso.
A veces estoy harta de su compañía.
Le propongo separarnos. Desde hoy y para siempre.
Entonces sonríe compasiva,
pues sabe que para mí también sería una condena.
Wislawa Szymborska, Aquí.
Bartleby Editores, 2009

Diario de un gato nocturno

GAME OVER

Gracias a ti
he traspasado un arco de mordiscos en el pecho,
le he cogido manía al verbo avisar
y me he quedado huérfano de sueños.
Me dices que pruebe a ser rojo,
aprietas tu mano contra la mía
y me pides que crea en lo que palpita bajo tu piel.
Pero lo que tú no sabes,
de lo que tú no te das cuentas
- porque eres géminis-
es que creer en ti es vivir por y para ti,
oscilar en la cuerda del recuerdo de tu sonrisa,
siempre a punto de caerme.
Quererte a tu es tener la sangre fría del lagarto
e hibernar por fuerza si no me calienta el sol de tu boca.
La lava roja que dejaste escapar por todos mis rincones
se ha vuelto piedra gris, sangre seca
que no me calienta, que me quema.
Hasta que aquella tarde tiré la toalla y el sol se puso.
Aquella tarde no quedaban lágrimas que llorar,
saliva que malgastar contigo,
ganas de sonreirte,
fuerzas para pensar en ti.
Y la angustia... casi se me ha olvidado.
Expiré el aliento de mi tercera vida
que tú habías tirado tan jovialmente por el váter
tan jovialmente, sí, porque eres géminis,
y con él se agazapó el rojo.
Y con él se hizo de noche.
En el frío negro de mi desesperación sólo quedé
YO,
suspendido en el silencio
esperanzo, una vez desaparecido todo lo que fue mi mundo,
a ser nada, a ser abismo.

Javier Gato, Diario de un gato nocturno
Cangrejo Pistorelo ediciones.

30.11.09

Los peces en el río

Como cada año, la Navidad amenaza con arrasarlo todo. Un sentimiento de claustrofobia me grangrena los tobillos, sube por mis piernas hasta mi estómago. Me enfado sin razón aparente. Culpo al escuadrón de papá noeles que cuelga de las ventanas de sus malas intenciones. Esperan a la noche-buena, el alcohol, las discusiones, para tomar los edificios. Y me apetece ponerlos en nómina, perpetrar el robo del siglo. Sobredosis de verdes y rojos, alumbrado absurdo; cada año el mismo reportaje, los mismos comentarios sobre el absurdo alumbrado. Lo malo de las tradiciones es que, como los peores regalos, no permiten cambios. Ha de ser Navidad y no otra cosa. Pero no se puede. Uno no puede, sencillamente, ponerse un gorrito rojo y blanco e ignorar que la vida que conocía se fundió con el hormigón aquel 30 de diciembre en la confluencia de las calles Diputación y Pau Claris, hace ya cinco años. No se puede mezclar pesadillas con pesebres más allá de una frase hecha no sin cierta gracia. Porque la Navidad está mal parida desde sus comienzos. Seguramente los pastores tuvieron que levantarse, apargar el fuego, improvisar un regalo y salir de visita de mala gana. Lo peor de la Navidad no es la Navidad en sí misma sino todo lo que niega, todo lo que ignora, todo lo que dura y todo lo que cuesta física y emocionalmente. Supongo que por eso esta gangrena, esta sensación de angustia a la altura del pecho, esta sensación de claustrofobia al fin y al cabo. Pero mira como beben los peces en el río. Qué alegría.

Beben y beben y vuelven a beber y cada año, me cuesta menos imaginar por qué.