28.5.13

Volver, volver, volver

 No hay quien pueda, 
no hay quien pueda
con la gente marinera

(canción tradicional asturiana)

Detrás de cada puerta una fiesta sorpresa, un cumpleaños. Qué bien verte tan bien, hacía tiempo, cuántas ganas. Hagamos esto y aquello. ¿Qué tal sí...? Y hacer esto, aquello y sí, sí, SÍÍÍÍÍÍÍ... pero qué bien lo de más allá. Amago de tormenta but sunny days. Sólo una mañana de lágrimas de pura nostalgia porque no están y por qué no están y buaaaa, buaaa, quiero que estén y no estarán. Y luego más sol, y más risas y más cariños. Y una muela que decidida a fundirme voluntad y conciencia se neutraliza "malament" con un poco de aquí, otropoco de allá 600 mg. Ya en Barcelona, Marcello me recibe cariñoso y musical subiendo a la máxima potencia su ronroneo gatuno. Suena el teléfono, El Dr. Pizarro me espera mañana con el torno en su consulta y yo me siento la señorita Amapola, lindísima Amapola de El Cluedo con mi muela en un ay. Ay.

23.5.13

Día necio



Tengo el día necio. Todo me turba, todo me espanta. Todo se disloca, todo se distorsiona. Será la muela que sigue aquí, los antibióticos, esta extraña forma de vida que me desborda ahora que no traumo luego existo. Pienso en hacer las maletas, abandonar este lugar definitivamente e irme con la música a otra parte. No escribo, aquí no escribo y parece que el daño es irreparable. Quizá sea eso, que la cicatriz no va a desaparecer nunca. El delirio, la montaña rusa. Tengo el día necio, ya lo he dicho. No me creo, me transformo, todo pasa muy deprisa y son 38 años de muerte lenta, de pena boba. Me voy al norte, a mi tierra roja de Tara, al Sur yanky y sus costumbres, allí que me traen de cabeza, el gato al agua... Regreso a Tara y cargo las pilas, me emociono, me centro, me arranco la muela y la tiro al mar.
Tanta vida me agota, tanto sol, tanto bueno. Necesito un poco de infierno y nubes negras. Soy una yonki irrecuperable y guardo algunas tempestades en un tarro de café. Me dirán que mi pelo, que mi ropa, que tan gorda... y volveré al avión, a casa, a Marcello, y la vida aquí será maravillosa, mía, cierta, oblonga, con mis "ellos" a los que quiero tanto, mi ejército de salvación, el seat belt al que me abrazo cada día por la meva securetat.

4.5.13

Necesitas un arma, Colombina



No estás en lo que celebras,
 ni en los cuerpos
que invades cada noche.
En cada oasis bebes
 hasta hartarte.

Le has dado tu número
al Becerro de Oro,
y ni siquiera contemplas
esperar a que llame.

Y aunque no sabes usarla 
necesitas un arma, Colombina, 
para marcar las muescas,
apuntarte los tantos,
comerte veinte,
contar casi cuarenta 
y seguir devorando.